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Opinión

La industria más contaminante: Los diseñadores y consumidores de moda

De seguro resulta ser una declaración importante, pero no podemos ignorar el hecho de que la industria textil es una que mayores problema ecológicos y sociales genera. En un mundo cuya economía es lineal, poco nos detenemos a pensar en el mal que estamos haciendo a nuestro planeta y sociedad.

Por el lado ambiental, sabemos mediante diversos informes de ‘El país’ que esta industria genera el 10% de las emisiones globales de carbono (más de lo que los barcos mercantiles y los vuelos internacionales general juntos) y el 20% de las aguas residuales. Para confeccionar una playera de algodón se requieren aproximadamente 2,700 lts de agua mientras que para unos jeans se ocupan de 10 a 17 MIL litros, acorde a Environmental Justice Foundation.

El modelo de fast fashion, que consiste en sacar una nueva colección cada dos meses en promedio, termina convirtiéndose en uno insostenible, especialmente si tenemos en cuenta que la merma o todo aquello que no se vende, es quemada generando más contaminación. Datos de The Business of Fashion estipulan que al año, la moda desecha 500 millones de euros (algo así como un poco más de diez mil millones de pesos mexicanos). Y es que se sabe que en primavera de 2018, H&M quemó parte de la mercancía olvidada y que nunca logró sacarse. Tan sólo la temporada siguiente, verano, Burberry quemó 32 millones de euros en productos, de los cuales más de un tercio fueron perfumes.

Poco a poco se toman más medidas para contrarrestar este daño que pareciera a esta altura ser irreversible. Marcas de índole sustentable aparecen, aunque la realidad es que muchas de ellas llevan bastante tiempo funcionando sólo que ahora les hemos prestado más atención.

En colectivo o fuerza de poder, podemos decir que Francia es pionero. La Secretaría de Estado del Ministerio de Transición Ecológica ha propuesto una ley que prohibirá que las marcas destruyan las prendas no vendidas y se les genere un nuevo ciclo de vida. Se informa que entrará en vigor a finales de este año. Otra de las acciones que están agarrando con fuerza es aquella que promueve la economía circular, que en muy resumidas palabras, busca recuperar el significado de las 3R (reducir, reusar y reciclar), promoviendo el consumo local.

Y aunque esto resuelve el lado ambiental como problema de la industria textil y de la moda, aún nos queda hablar de algo no menos importante: la responsabilidad social. Durante inicios del siglo y hasta el 2014, la industria empleó a más de 75 millones de personas, acorde a la ONU.

En 2013 se generó el caso más importante al respecto: la fábrica en Bangladesh.Y aunque no es el ‘peor’ (porque realmente todas estas situaciones son lamentables) sí se posicionó como el parte-aguas: Un edificio de ocho pisos que albergaba diferentes plantas textiles se derrumbó dejando a más de mil muertos, en su mayoría mujeres y menores de edad. Esto destapó las terribles condiciones en las que trabajaban las personas, los pésimos salarios y la sobre explotación.

Y a pesar de los movimientos, de documentales como The True Cost y más, aún no se llega a una solución final. Cabe mencionar que en los países orientales con menor calidad de vida, se juega con la necesidad de la gente, empleando así a mujeres con bajo salarios y a niñas que pasan más de 15 horas trabajando. En México, por ejemplo, la costura en maquilas está mal pagada.

 

La cuestión aquí es preguntarnos, ¿De quién es la culpa? ¿Las fast fashion como Inditex, los gobiernos que no se preocupan por sus países, los contratistas y proveedores?

O es que realmente nosotros, como consumidores, también formamos parte de esa ‘lista de villanos’.

¿Qué estamos haciendo cada uno para cambiar esto?

 

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